viernes, 21 de octubre de 2016

La memoria del fango.

Quise encontrarme con el espejo
y retroceder tres años:
            concédeme, carne,
el valor de no querer caer.

Siete meses después y un beso,
toda espera forma un hueco habitable y cálido.
Ser larva doliente en el oscuro filo
del óxido;
parir, al fin, la mariposa.

Un mes o un nombre o un café,
ternura y testimonio de lo íntimo.
Lluvia que no cesa,
suave mandorla iluminada vuelta cántaro.

Mirar tu deseo y el mío comedidos,
lengua y labios tejidos por la misma luz.
Acariciar tu cuello y rostro,
llanura de pájaros cantores y amapolas;
palpar el barro y saber que esa mancha es necesaria
y buena, que el agua fluye en él
y lo hace cuerpo y amante verdadero.

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